Roxana González
Hola! Soy Roxana. Estoy en este directorio de profesionales porque soy Psicóloga desde 1990 y Doula desde 2005.
Nací en Buenos Aires en 1967. Soy del signo de cáncer, el signo que rige la maternidad; tal vez por eso desde chica sentí que quería tener muchos hijos y casarme joven.
Parí a mi primera hija de puro guapa, porque las condiciones externas no fueron las más propicias. Nunca había imaginado que parir un hijo pudiera estar emparentado con “el tren fantasma” del parque de diversiones, hasta que viví la experiencia que ustedes intuyen: “Madre primeriza, ingenua y optimista, recibe combo completo de intervenciones en clínica privada, con asistentes sonrientes y amables, pero equivocados”.
En el embarazo de mi segunda hija quise cambiar todo y busqué otro médico. El parto fue mucho más fácil, pero casi igual de intervenido. Y yo seguí intentando comprender por qué me sentía tan extraña con toda la experiencia.
Me recibí de psicóloga siendo mucho más joven de lo que se debería, en una profesión que requiere algo más que estudios universitarios. Después de estas experiencias de parto que se contradecían con lo que pulsaba dentro de mí desde chica, me interesé mucho por la psicología de la gestación, el nacimiento y los vínculos tempranos, desde lo que el Psicoanálisis ofrecía en ese entonces. Algo quedó activado ahí, pero todavía no adoptaba una forma definida.
Cuando gestaba a mi tercer hijo, estaba trabajando ad honorem en el servicio de obstetricia del Hospital Rivadavia como psicóloga, y ya había tenido la oportunidad de acompañar a dos mujeres en sus partos, de pura casualidad… y porque siempre me fascinó la escena del Nacimiento. Sin saberlo fui doula por un ratito. Y supe que había algo en las condiciones y el entorno, que tenía vital importancia. Me conmovió la inmensa y solitaria fuerza de esas mujeres que paren solas en los hospitales, a merced de la indiferencia y la impunidad del sistema médico-asistencial. ¡Cuánta diferencia puede hacer un gesto, una mirada confiada, una sonrisa!
En mi tercer parto, elegí al obstetra y la partera con mucha más conciencia y pude encontrarme con poderosos aprendizajes. Sin embargo, como todo en la vida evoluciona, hoy elegiría otro escenario y otros asistentes.
Mi “ser doula” se construyó a través de los años. En el año 2001, se activó fuertemente un movimiento mundial por la humanización del parto y el nacimiento. Desde ese entonces, me vinculé de variadas maneras en aquellos espacios donde se luchó por la conciencia del momento sagrado de gestar, parir y criar a los niños. Por reconocer en nuestra fisiología el dispositivo necesario para que esto suceda y cómo protegerlo sin obstaculizarlo. También me involucré en la reivindicación de las parteras independientes, que son las que guardianan la sabiduría ancestral en asistir y acompañar a las mujeres, desde tiempos inmemoriales.
Tuve el privilegio de conocer a gente muy valiosa dentro de este universo.
Formalmente como Doula, me formé, en primer lugar, con Graciela Cobe, de la fundación Creavida. Luego me certifiqué en 2005 como Doula de Nacimientos con Asela Calhoun, de la organización DONA internacional.
Durante 13 años (de 2007 a 2019), con mis colegas y amigas Sonia Cavia y Melina Bronfman, hemos dado capacitación para ser Doulas a más de 500 mujeres, desde nuestro espacio llamado Dar (Doulas de Argentina).
Tuve la oportunidad de oficiar como doula en los distintos escenarios (hospital, clínica privada y en domicilio) y decidí que sólo iba a acompañar nacimientos planificados en domicilios, asistidos por partera/os independientes (licenciadas en obstetricia). Ya hace unos cuantos años que no estoy acompañando nacimientos como doula.
Mi inicial formación como psicóloga fue el Psicoanálisis, más luego me fui nutriendo de variadas vertientes y fui haciendo una integración personal. Estudié astrología varios años, he recorrido el chamanismo, la psicología transpersonal, el reiki y otras técnicas de sanación. También he incorporado, en mi mirada, a los sistemas familiares y el árbol genealógico.
Sé que la manera en que nacemos y el primer encuentro con el Amor – que es el primer encuentro con nuestros padres – deja una impronta para toda la vida, de la que no tenemos clara conciencia, pero que sin embargo se nos activa en diversos momentos de nuestra vida infantil y adulta.


